
Sólo una cosa se puede comparar a escuchar Ezlekuak a máximo volumen: oírlo tocado en directo, en primera fila. El último disco de Lisabö conduce inevitablemente al límite: de tolerancia de los tímpanos, de descarga emocional, del hardcore, del lugar de la resistencia. Aún hoy, cada vez que lo escucho o logro recordar el concierto se me ponen los pelos de punta. Me dejo hacer. Sudo. Castigo los oídos y el ánimo.
En disco, Ezlekuak desborda el género por todos lados. El prefijo post- apenas sirve para describir la combinación de intensidad y exquisitez que recorre el LP. La potencia que recorría Ezarian pasada por el filtro de Egun bat nonahi. Una mezcla extraordinaria encuentra el lugar del chelo entre la tormenta eléctrica, juega con las dos baterías aunando precisión y matices: ora todos a una, ora desdoblamiento.
En directo, el sacrificio de la delicadeza se convierte en elogio de la posesión ritual. Como ellos mismos dicen, "guztirako prest ez bazaude ez zaude ezertarako prest" ("si no estás preparado para todo no estás preparado para nada"). El 30 de mayo de 2007, en el Primavera Sound, vivimos una sacudida brutal y sin contemplaciones. Los que estábamos en las primeras filas, no cabe duda, nos convertimos en médiums, nos abandonamos, acariciamos el abismo, olvidamos que nos estábamos perdiendo a Sonic Youth unos metros más allá.
Nunca fue el grito recurrente de "ezlekuak!" (no-lugares) más apropiado que en los apestosos terrenos del Fòrum, toneladas de hormigón y asfalto que silencian, y tratan de sepultar, el odor de los miles de fusilados en ese preciso lugar, el Camp de la Bota.
[foto: MFA]

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