Hecho sintomático de los tiempos que corren, y de cómo algunos vivimos en ellos, mi selección de este año llega tarde pero con prisas, y en forma de alfabeto necesariamente incompleto. Porque fruto de estos de estos tiempos de abundancia escasa y aceleración del tiempo y del consumo, se impone la necesidad de abandonar el formato lista y abrir espacios de intervención.
Un año más, frente a la exuberancia espectacular brota la sobriedad militante, la contención frente al adorno innecesario. Mi selección trabaja en la búsqueda de formas de enunciación precarias, con capacidad para ensombrecer el brillo del espectáculo.
Bonnie ‘Prince’ Billy, The Letting Go. En la cresta.
‘Cursed Sleep’ lo resume todo: una sencillez exquisita, una melodía tan reconocible como instantáneamente conmovedora. Solo o en compañía, Will Oldham se entrega y se pierde en cada pieza. El tacto de alguien que se mueve hábilmente entre las líneas del clasicismo. Will es un tipo rápido, también: no deja de trabajar, no espera a la inspiración. Su volumen de producción ignora los códigos de la industria y desafía nuestra capacidad de escucha.
Ornette Coleman, Sound Grammar. Belleza abyecta.
En 1959 The Ornette Coleman Quartet aterrizó en Nueva York para tocar durante 6 semanas en el club Five Spot. Entre el desorientado público: Miles, Trane y Mingus. Los otros tres grandes están ya muertos, pero Ornette, con un nuevo grupo, aún es capaz de emocionar mediante la trasgresión. Melodías que se apoyan cómodamente en lo convulso, que surgen de la libertad de un grupo autogestionado. Ornette puede mostrar de nuevo, casi cuarenta años después de hacerlo con ‘Lonely Woman’, lo innecesaria que resulta la ortodoxia y el canon. Radicalismo rejuvenecedor.
The Ex @ CCCB, 21oct, 4€. Elementos para la lucha contra el espectáculo.
Lo de The Ex en directo es algo así como un ritual de posesión laica. Chamanismo punk. La proyección de imágenes de la revolución en Barcelona que ocupaba el fondo del escenario se encargaba de trabajar un estado de ánimo. Más allá de toda voluntad de agradar y de cualquier atisbo de concesión, la música de The Ex es una descarga que cuesta encajar, pero que acaba por tomarte y manejarte a su voluntad. Abandono del yo, comunión en la sala. Punk a trompicones, dirigido por la discreción de la batería, los textos de crítica de la cultura y la extrañeza de dos criaturas híbridas, mitad bajo mitad guitarra. Juntos lucharon toda la noche por ocupar nuevos espacios, desconocidos e irreconocibles para la música que aún piensa en notas.
Michael Haneke, Caché.
Fundamental reflexión sobre el estatus contemporáneo de la imagen, que contrapone sistemáticamente la imagen-prueba a la imagen-escritura. O lo que es lo mismo, el espectador-consumidor al lector-trabajador. Haneke hace que nos confrontemos a nuestras expectativas y hábitos de consumo audiovisual, haciéndonos ver que la imagen no es prueba de nada, salvo de nuestra necesidad de que lo sea. O lo que es lo mismo, de nuestra necesidad de que las historias se acaben, de que haya una explicación, un culpable. La negativa a entrar en este juego muestra por contraste el impulso a la respuesta fácil de la política (y de las políticas de la imagen) dominante.
Isis, In the absence of truth. Brutalidad necesaria.
Isis sigue acercándose a Mogwai, y transformando así el post metal en algo cada vez más notorio. En esta entrega se deslizan incluso algunas melodías, que conviven señaladamente con las erupciones de ultratumba habituales. Si un grupo de post rock se pone bruto suena afectado. Si un buen grupo de metal se pone post puede pasar esto. Es el disco que Standstill trató una vez de hacer. El que muestra lo lejos que está Tool de ser hoy la referencia. Porque los tiempos corren…
Aki Kaurismäki, Luces del Atardecer. El largo siglo XX.
La perseverancia de Kaurismäki en hacer otra misma película, como la tozudez de un protagonista cuya ética incorruptible le va dejando (casi) solo, son el reflejo perfecto de la propia obstinación del capitalismo. La misma dinámica que ha estudiado Arrighi, una permanente transformación que deja la esencia intacta, es la que sostiene un proyecto como el de Kaurismäki. Helsinki, del negro del amor al negro del capital, y viceversa.
Jason Molina, Let me go, let me go, let me go. Como un Neil Young de resaca y sin banda.
Método: ir al estudio, escribir una canción y grabarla. Y luego otra. Tiempo: 3 días. Objetivo: acercarse a la naturaleza concreta y táctil de la depresión. Contención: trabajar sin la banda, sin segundas oportunidades, sin arreglos. Decencia: anunciar los límites de la improvisación, la posibilidad de condescendencia.
Yo la Tengo , I am not afraid of you and I will beat your ass / @ Apolo 30nov, 22€. Cultura popular.
El nuevo disco de YLT, como su directo, combina sorprendentemente una destreza enciclopédica en la gestión del pop (en sentido amplio) con una genuina actitud de andar por casa. Un disco maravilloso que recorre casi cada posibilidad de la historia reciente de la música popular americana; un directo que reproduce “como si nada” ese recorrido, que lo enuncia desde una sencillez que pone en entredicho todo el aparato del espectáculo. Y sí, llegaron a prolongar el concierto indefinidamente atendiendo a las peticiones del público y a sus propios caprichos. Recordándose las canciones cuando alguno las había olvidado. Me hicieron sentir como si se tratase de un concierto entre amigos, sin compromisos. Fraternidad necesaria.
Fotografía: i.m.g. Ornetter Coleman at the Royal Festival Hall, 2009


0 comments:
Post a Comment