
Del mismo modo que la arquitectura brutalista buscó una poética del hormigón armado, respetando su textura y explotando sus posiblidades de escala, Isis se apoya en la rugosidad de la distorsión barítona como elemento constitutivo. En ambos casos, el juego de la repetición/variación y la voluntad épica marcan la dirección general del discurso.
El primer destello de inteligencia en el planteamiento del concierto de Isis en la sala Koko (21/10/09) fue la elección de los teloneros, Mothlite. Muy alejados de Isis, aunque de algún modo relacionados, sirvieron para pintar el lienzo de blanco. Permitieron a Isis, y al público, empezar el concierto en limpio. A partir de ahí, una hora y media de trabajo duro con la materia sonora. Una sonido denso, pesado, grave, áspero. Y al mismo tiempo, inusualmente claro. Diría que las guitarras de aluminio, unidas a los amplis VHT y Fryette, eran un componente importante de esa sorprendente claridad en la tormenta.
La construcción combinó una ambición monumentalista con rincones de variación orgánica, brutalidad matemática y gentileza ambient. Al final, tras un itinerario de sacudidas, fueron capaces de hacer igual que en su último disco, Wavering Radiant, y soltarnos delicadamente de la mano, tras habernos mostrado la belleza del nuevo brutalismo.
[foto: i.m.g. 'isis at koko, x2']

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