
Consciente del riesgo de nunca acabar mi “best of”, como lleva ocurriéndome dos años seguidos, abandono los grandes planes y me limito a escribir 10 párrafos sobre 10 artefactos notables. Hago, además, trampa aquí y allá al incluir materiales algo anteriores, pero que descubrí este año.
Our Friends in the North (Peter Flannery, BBC, 1996, DVD 2010)
Los amantes de The Wire quizá tengan en esta serie un antecedente de paso obligado. Our Friends in the North aborda, en nueve episodios y a salto de elipsis, el periodo 1964-96 en el Reino Unido. Lo hace a través de la historia de cuatro amigos de Newcastle -que a su vez encarnan el destino de la clase obrera en dicho periodo. Los tres gestos fundamentales a partir de los que se construye la serie son, pues, su envergadura épica, el desplazamiento del centro narrativo a la periferia geográfica y social, y el interés crítico en la transformación de la izquierda laborista. Ciertamente, el formato de un episodio por año seleccionado y la autolimitación a cuatro personajes y sus allegados obliga a una compresión narrativa que en ocasiones tontea con el maniqueísmo. Pero esta sensación de que la estructura constriñe a los personajes refleja con exactitud la perspectiva (política) de la serie, en la que el impulso radical se golpea repetidamente contra la poderosa estructuración del privilegio. Así, la energía post-adolescente de los hijos de la clase obrera en los sesenta se transforma, en el curso de treinta años, en 1) radicalización-lucha armada-arrepentimiento-repliegue en la esfera artística-exilio; 2) maternidad, divorcio y, new labour y carrera de éxito en el partido; 3) triunfo en los bajos fondos-encarcelamiento-homelessness; 4) espíritu emprendedor, alianza con la derecha local, enriquecimiento. Sólo la BBC era capaz de gastar la mitad de su presupuesto anual para series en algo así.
Emmanuel Guibert, Alan’s War (First Second, 2008)
Alan's War es, ante todo, una demostración de escucha activa: Alan recuerda, Emmanuel dibuja y reescribe. Así se nos presenta la fenomenal historia del soldado A. Cope, entre la memoria de uno, la imaginación de otro y la prisa por fijarla en papel antes de que sea demasiado tarde. El resultado es genial: una narrativa muy oral y espontánea, acompañada de una ilustración que oscila libremente entre los grandes espacios en blanco y el detalle pseudo-fotográfico. Más que una historia de guerra, el comic es una road movie continental, bastante alejada de las trincheras y dedicada a historias menores -en las que, sin embargo, resuena el destino singular de una generación que luchó en la segunda guerra mundial y se buscó la vida en la posguerra.
Bruce Weber, Let’s Get Lost (1988, re-estrenada en 2008)
Entre el documental y la elegía, B. Weber traza una línea infalible de la vida a la muerte. Lo descubrimos tan pronto nos adentramos en ese agujero negro habitado por Chet Baker -o mejor dicho, por su prematuro fantasma. El artefacto parece construirse por la tensión generada entre la cara demacrada y sin apenas dientes del ahora y la presencia inquietante del joven Baker en viejas fotos de archivo. Lo interesante es que a pesar de la proliferación de declaraciones, tanto del propio Baker como de sus amigos y conocidos, su persona se vuelve cada vez más escurridiza. Las historias no encajan, y la suma de puntos de vista no equivale a una perspectiva más completa. Weber circula este entramado con maestría, naturalidad y sin ceder en ningún momento a la tentación de una resolución, dejando que las arrugas conserven su opacidad. Dulzura mortal de trompeta blanca.
Mad Men (Matthew Weiner, AMC, 2007-)
Recién acabada la cuarta temporada, se me acumulan las dudas con respecto al alcance real de la serie de moda. Ahora que J. Hamm y C. Hendricks ocupan las portadas de las revistas de tendencias, quizá sea conveniente trasladar la discusión de la atractiva superficie a los engranajes que la sostienen. La primera temporada fue una revelación, especialmente al investigar con determinación foucaultiana el eje de continuidad institucional del patriarcado: en la oficina, en casa, en el psicólogo, en el ginecólogo, en la noche... Nunca antes había visto, en la televisión comercial, semejante descripción de los mecanismos de opresión. Por otro lado, el éxito de Don Draper, construido sobre un gran fraude que sus superiores prefieren olvidar, parecía una buena metáfora de la corrupción moral que gobierna la gran empresa. Quizá por esto las siguientes tres temporadas tienen regusto a promesa incumplida. Han palidecido en su intento de abordar (ahora de pasada) cuestiones de raza, relaciones laborales, o el complejo industrial-militar -al tiempo que la serie se vuelve cada vez más esclava de su protagonista. La reducción de casi todas las problemáticas a cuestiones individuales acabará por estrangular la serie. Aún así, fue difícil resistirse y no conceder la noche de los miércoles a este guilty pleasure.
The Soundcarriers, Celeste (Melodic, 2010)
Según el todopoderoso iTunes, éste es el disco que más escuché este año. Huella digital de la adicción a este LP, que descubrí por sorpresa en una tienda y llegué a comprar e incluso regalar. Fundamental para los amantes de Broadcast, Stereolab y el pop sesentero británico. La producción es extraordinaria: a un tiempo limpia y guarra, respetuosa con el sonido del aire, alimentada por viejas reverbs y echos, erigida sobre un Fender Bass y una batería son más swing del que parece. Las canciones se mueven, como era de esperar dadas las influencias, entre la repetición lisérgica a lo krautrock y las estructuras y armonías de ese nuevo pop envejecido -o viejo pop rejuvenecido.
Smoke Fairies, Through low light and trees (V2, 2010)
Los grandes discos del año pasado, Veckatimest y Merriweather Post Pavilion, son difíciles, complejos, de degustación lenta. Probablemente, se trate de un pop de largo alcance. Smoke Fairies, por el contrario, ofrecen un placer fácil, directo e inmediato. Pop-folk de resonancias medievales, alrededor de un puñado de acordes bien conocidos y melodías a dos voces según el canon. Sin grandes sorpresas, pero de satisfacción instantánea.
Breakestra & Charli 2na @ Jazz Café (2 de Julio)
Casillas para un penalti, Alonso falla otro, Pedro al palo, Villa gol. El pub se vino abajo cuatro o cinco veces en un cuarto de hora, y tal cual llegamos al Jazz Cafe para encontrarnos con Charli 2na rapeando al ritmo del cyborg-DJ Breakestra. Aunque en estudio han perdido fuelle y están muy lejos de sus Live Mix Tapes, en directo Breakestra se dedican precisamente a esto último y son imparables -sobre todo con el buenazo Charli 2na de sub-comandante. Es más, la combinación de ambos establecía una continuidad entre el funk y el rap clásico que, aunque obvia, es infrecuente entre sus contemporáneos. Los beats más oscuros del repertorio de James Brown o The Meters cobraron una nueva vida al contacto con otros fragmentos, nuevos o viejos, del que nacieron alejados. A su vez, el alucinante freestyling de 2na flotaba como nunca sobre el acompañamiento de una banda al mismo límite de la sincronización.
Wes Anderson, Fantastic Mr. Fox (2009, DVD 2010)
Mark Grief definió con tino lo que ahora resulta obvio: el momento White Hipster está acabado, estamos en la era Hispter Primitive (link). Tengo la intuición de que Mr. Fox será, retrospectivamente, la película del movimiento. Al fin y al cabo, se trata de la historia de un zorro en plena crisis de los 40, incapaz de aceptar su domesticidad y renunciar a su animalidad. Del mismo modo que muchos grupos recientes han adoptado nombres de animales (p.e. Grizzly Bear, Deerhunter, Fleet Foxes, Department of Eagles, Wolf Parade, Band of Horses, o Animal Collective), W. Anderson recurre a un zorro incauto y su familia para hablar sobre hacerse mayor y la nostalgia de tiempos de libertad pasados. Lo hace, además, adoptando una técnica primitiva (la animación en stop motion) y construyendo un elogio a la vida más allá de la ciudad (en un espacio rural indeterminado, en algún lugar entre Inglaterra y Estados Unidos); cuestiones, ambas, que resuenan con las señas de identidad de esa nueva modernidad primitiva que Grief trataba de definir. Anderson captura, a base de tonos otoñales, temas de los Beach Boys y chaquetas tweed, ese “momento rústico” que define a cierta cultura popular contemporánea.
Walid Raad: Miraculous Beginnings - Whitechapel Gallery
En realidad, me refiero a la mitad de la exposición, la referida a The Atlas Group (TAG). Admito, también, que el dispositivo expositivo, perfectamente tradicional, traiciona en gran medida la vocación de archivo de la obra. Aún así, tengo que admitir mi debilidad por el trabajo de TAG y el placer que me produjo enfrentarme a él en su totalidad. Este archivo representa, por decirlo sucintamente, todo lo que me interesa en las políticas de la representación: el desplazamiento con respecto al centro espectacular; la limpieza serial; un formalismo peleado consigo mismo -permanentemente amenazado por el azar; la confianza en una cierta obsesión archivística… sin olvidar el humor negro. Cada proyecto es aquí un logro inesperado posibilitado por la guerra en Beirut, como los videos furtivos de atardeceres de un agente secreto en I only wish that I could weep o el descubrimiento entre las ruinas de grandes posters tipo Pantone (que ocultaban imágenes latentes de ahogados) en Secrets in the open sea. Pero la obra maestra sigue siendo My neck is thinner than a hair, un archivo de imágenes de motores de coches bombas -la única parte del vehículo que permanece intacta tras la explosión y cuya localización se convirtió en competición para los fotoperiodistas allí destacados.
New Topographics (Steidl, 2009)
La re-edición del catálogo de la exposición de 1975 marca un hito. Pone a nuestra disposición, en una edición muy cuidada, la mayor parte de las imágenes de esta muestra clave para la nueva fotografía paisajística, así como un par de textos que tratan de reflexionar sobre el impacto de la misma. A la tradición de los grandes paisajistas americanos (Ansel Adams) se une la influencia del arte conceptual y el minimalismo (Ed Ruscha, Robert Smithson) y la del formalismo documental (Walker Evans). El trabajo de Robert Adams, Lewis Baltz, Bernd y Hilla Becher, Joe Deal, Frank Gohlke, Nicholas Nixon, John Schott, Stephen Shore y Henry Wessel Jr, arroja, en su conjunto, una mirada precisa sobre los intersticios de la geografía norteamericana. Inaugura, además, un modo de hacer que hoy ha devenido canon.
[foto: Bernd & Hilla Becher, Pit Head, Bear Valey, Pennsylvania, USA, 1974.]

0 comments:
Post a Comment