top 2005


Discos. Quitar en lugar de poner.

1. The Evens, "The Evens" (Dischord)
Quién nos iba a decir que serían precisamente Ian y Amy los que volverían a demostrarnos que, también en la música, también en el rock y ahora más que nunca, "menos es más". El marco: desnudez musical extrema, simplicidad compositiva insultante (donde algunos ven una parte, ellos una canción), claridad cotidiana en sus textos (claridad antagonista, también). La sorpresa: la capacidad para generar matices en esta estructura, al sobreponer juegos melódicos y armónicos vocales a la repetición instrumental y al introducir sutiles arreglos y detalles de producción ("teleguitar", echo) que más que arruinar el minimalismo lo iluminan. Nunca antes una guitarra barítono, una batería y dos gargantas habían tenido tanta relevancia (estética, política) en el moribundo panorama musical. Y quien no vea las continuidades con Fugazi debe estar sordo.

2. Lungfish, "Feral Hymns" (Dischord)
¿Puede la obstinación ser una virtud? Lungfish lleva 17 años y 10 discos haciendo variaciones sobre lo mismo. Siguiendo una única línea, casi recta, y avanzando en ella a pesar de todo y todos. Y este año ha publicado un disco en el que lo de siempre funciona mejor que nunca: la repetición infinita que da forma a su discurso llega a su culmen, vía cierto minimalismo, la anulación de toda sorpresa y la combinación perfecta de canciones con interludios instrumentales (evidentemente repetitivos hasta la extenuación). Un ejercicio de contención y disciplina constante: nunca necesitaremos más de 2 compases (¡!) para conocer una canción de Lungfish. No hay cambios, no hay estribillos. Como loops analógicos y manuales. Obcecación que no es otra cosa que un discreto radicalismo formal: canciones que se expanden interiormente, dentro de una estructura claustrofóbica.

3. Low, "The great destroyer" (sub pop).
Más de lo mismo, en muchos sentidos, pero más de lo mejor, al fin y al cabo. Desde "Things we lost in the fire" no habían publicado un disco que lograra conmoverme de esta forma, arrastrarme a esa región espesa, atmósfera turbia, ánimo apocalíptico en el que habita cada canción de Low. Un disco capaz de filtrar todo optimismo estéril, pero también de proveer un espacio de confort en la tragedia.

4. Antony and the Johnsons, "I am a bird now" (secretly canadian)
Pop de cámara. Pop conmovedor que camina sendas inquietantes. Voces expresivas, acompañamientos siempre a favor de las canciones. Cada tema es un ejercicio de austeridad formal y de expansión interior. Música táctica, que se mueve por las grietas del pop, por sus fisuras.

Conciertos. Poca cosa.

1. Tortoise (Primavera Sound) y The Evens (Convent Sant Agustí)
Empate entre dos conciertos radicalmente distintos pero unidos por una cuestión umbilical: un tremendo respeto por el público. Lo de Tortoise fue un ejercicio sin concesiones: frío, perfecto, sobrio. Concierto difícil, denso, exigente con los músicos y la audiencia. También sutil y emocionante, elegante en todo momento. El comienzo: algunos compases de doble solo de batería sin un golpe de improvisación. El final: el minuto más ruidoso del concierto. En medio: revisión de muchos años de carrera despojados de aditivos electrónicos, apoyándose únicamente en su multi-instrumentalismo y en un sonido seco y directo. Momento cumbre: el ciclo 'tnt/swung from the gutters/ten-day interval'. Pelos de punta.

The Evens es la vanguardia del rock. Su anti-show nos lo dejó claro. Entraron como otros cualquiera en la sala, saludando. Salieron al escenario y se disculparon por el sonido. Y como ellos son los técnicos de sonido, pidieron consejo al respecto. Cuestión de principios. Sin iluminación, casi sin escenario, con las ventanas abiertas para que los que se quedaron sin entrada pudieran escuchar. Ian y Amy se empeñaron en todo momento en aniquilar la noción de espectáculo. Nos mostraron los mecanismos que lo hacen posible, trajeron el backstage a escena y trabajaron contra la distancia grupo-público. Un concierto que hizo que todo el rock pareciera superficial. Musicalmente, desaparece la sutilidad del estudio en las canciones y surge en ellas un sorprendente trasfondo punk. Concierto absolutamente espartano, que exigía igualmente del público el abandono de toda pose. Por una tarde, incluso el público barcelonés coreó desvergonzado "the police will not behave / the police will not be excused". Nos sentimos bien haciéndolo, nos hicieron sentir bien haciéndolo. Al final, incluso la mezquina venta de discos se convirtió en algo bastante íntimo, con los propios músicos haciendo de clerks y dispuestos a conversar fugazmente.

Picture (c) by Vinka* (http://www.flickr.com/photos/vinka/)

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