Lisabö - la intimidad del dolor

 

El patrón se repite cada vez que escucho el disco. Entre el minuto 4 y 5 de la primera canción, ‘oroimenik gabeko filma’ [la película sin recuerdo], sucumbo, me rindo, me dejo hacer por la intensidad. Pelos de punta que ya no me abandonarán. Necesidad de sacudir el cuerpo adormecido, de golpear violentamente una guitarra imaginaria, de sumarme a la máquina de hacer ruido. Hacia el final de la segunda canción, ‘ez zaitut somatu iristen’ [no te he sentido llegar], ya he subido el volumen un poco más. Y lo seguiré haciendo durante el resto del disco, hasta alcanzar el límite de mi tolerancia, el punto de encuentro entre placer y dolor, ese añorado estremecimiento.

Seis canciones que yo más bien definiría como 40 minutos de corriente continua (y su campo de sinónimos: flujo, torbellino, tiro, aire, electricidad, energía, fluido, fuerza). Aquí, efectivamente, la carga eléctrica circula siempre en la misma dirección, un flujo continuo de electrones sin oscilación. Si algo distingue a lisabö del resto del panorama post-hardcore es justamente su capacidad para administrar esta descarga sin clásicos sube-y-bajas, sin desarrollos épicos, operando siempre desde dentro de la tormenta. Hay, en ella, lugar para la conmoción, la tristeza, el desaliento, la rabia. La portada, por otro lado, anuncia ya la primacía que el texto tiene en esta entrega; no hay en el libreto otra cosa que grandes bloques de texto sobre fondo blanco, cada texto desplegándose cuatro veces en otros tantos idiomas. como el propio martxel mariskal escribe en la última descarga, lisabö se mueven ‘en los límites del éxtasis, en los límites de la nada […] mirando al bosque calcinado, respirando el humo de nuestra debilidad.’

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