El método Costa


Con Ne Change Rien (2009) vemos algo así como la consolidación de un modo de hacer, la certificación de una metodología. En el cuarto de Vanda, en la sala de montaje de Straub/Huillet, en el estudio donde Balibar trata de grabar un disco, Pedro Costa ha desplegado un sistema coherente en su modo de producción y fiable en su materialismo. Un modo de observación/escritura que no renuncia ni a las enseñanzas del lenguaje cinematográfico ni a una atención etnográfica a los momentos y sus cuerpos (que diría Goffman). Así, los cuidadosos encuadres y un uso expresivo de la iluminación forman una suerte de marco en el que observar los acontecimientos desplegándose sobre sí mismos. Y esto sólo es posible mediante una temporalidad extendida, generosa, en la que cabe el trabajo que esos cuerpos llevan a cabo. Trabajo de memoria y enunciación (Vanda), de formación discursiva (Straub/Huillet) o de disciplina rítmica (Balibar).

Ne Change Rien, en su atención al proceso de fabricación de unas cuantas canciones, deviene un verdadero alegato materialista. El epicentro es, como no podía ser de otro modo, el trabajo: la repetición de tomas, el entrenamiento vocal, los ensayos, e incluso los conciertos, que pasan a ser parte de la línea de montaje, en lugar de objeto-producto final. De ahí que la película empiece con una canción en vivo y acabe con un interpretación medio improvisada en el backstage -y no al revés. La situación de concierto no podía ser la culminación, en ningún sentido, de lo que se presenta como un trabajo continuo.

Esta aproximación más analítica que narrativa, por así decir, permite a Costa desentenderse de todo residuo cronológico en la historia y abordar la cuestión como de si de otra composición se tratara. Es decir, poniendo los elementos sobre la mesa y buscando la manera de hilvanarlos, de encontrar su ritmo y su melodía. Si la obra en la que trabaja la banda de Balibar ofrece, especialmente en la repetición de tomas, un reflejo del método de Costa; éste es, a su vez, un espejo de esa búsqueda de la tonalidad apropiada que ellos llevan a cabo.

[imagen: kinoslang.blogspot.com]

1 comments:

  1. Todavía no se ha estrenado por aquí (Barcelona), esperemos que llegue, estoy ansioso. Pero este nuevo filme de Costa, (otra vez) "cuerpo a cuerpo", sobre la fabricación de canciones, ¿no nos empujaría a elucidar su anterior obra -concretamente, No cuarto da Vanda y Juventude em marcha- al contraluz de un lugar de enunciación que es, antes que nada, que ha sido también el de ciertas canciones? La estructura del segundo filme, por ejemplo, "practica" una suerte de repetición -no ya retorno de lo Mismo, sino producción de diferencia (Deleuze)- a través de los lugares y arquitecturas, de manera parecida a como el blues va y viene de una estrofa a otra. Mientras que en la habitación de Vanda, el entrelazamiento de lo público y lo privado se realiza en virtud de un litigio sonoro: el tema que Vanda va desgranando acerca de Fontainhas consigue alzarse durante unos instantes (momento radical) al ruido de las excavadoras que señala desde la calle el exterminio del barrio. Costa parece extraer su materialismo de la disidencia de "Strange Fruit", es decir, de una parte sin parte que alcanza un plano de reconocimiento -no haría falta entonces "darle voz", porque ya la tiene. No en vano, él suele destacar esta aparición televisiva de Billie Holliday en 1957 (http://www.youtube.com/watch?v=_tNSp7MaADM&feature=fvw). ¿Es que no son los huesos de Vanda la prolongación contemporánea de Lady Day?

    Que envidia me produce la retrospectiva de la Tate Modern...

    ReplyDelete