
Entre los conciertos que no vi este año en el Primavera Sound no sólo se encuentran Van Dyke Parks (demasiado temprano) y Rother/Shelley/Mullan (despiste); también Panda Bear, Wire (ambos se solapaban parcialmente con Wilco) y Scout Niblett (a la misma hora que Low). Mal asunto, cuando la lista de descartes podría competir con la de lo que uno vio (o tal vez sólo sean los efectos secundarios de la bulimia festivalera). En cualquier caso, entre las víctimas de la crisis sólo parecieron estar mis amigos: record de asistencia (más de cien mil espectadores), record de actuaciones y grupos (240 y 194, respectivamente), apoyo mediático incondicional, décimo aniversario, propuesta consolidada, palmaditas en la espalda. Pero como decía The Wolf en Pulp Fiction, "Let's not start sucking each other's dicks quite yet".
La apuesta por el crecimiento del festival ha supuesto, entre otras cosas, hacerle la colada al ayuntamiento con el Fòrum, renunciar a cierta intimidad (y tratar de recrearla ortopédicamente en el auditori), convertirse en una gran plataforma publicitaria e incluso tontear con el mainstream en la programación (cuando Pet Shop Boys son proclamados cabeza de cartel, algo ocurre). ¿No estaría el PS mucho mejor sin el escenario grande y todo lo que éste conlleva, con menos bandas, menos público y menos patrocinios? Más no siempre es más -como muestran cada año los festivales de All Tomorrow's Parties, el mejor ejemplo de un modelo comisarial y comercial alternativo. Quizás haya en la deriva del PS un reflejo, o un contagio, del agotamiento de una ciudad cuya esperanza reside ahora en unas olimpiadas de invierno a cien kilómetros.
Algunos apuntes sobre algunos de los conciertos que vi, in no particular order:
Grizzly Bear: ganadores. A diferencia de muchas bandas de su generación, no se empeñaron en transmitir lo establecido en disco, sino en traducirlo. Todo lo que Veckatimest tiene de delicado y barroco adoptó en directo una forma despojada aunque sofisticada. Así, por ejemplo, el sutil swing de la versión grabada de "Southern Point" mutó en un hard swing con el que dió comienzo a la actuación; Chris Taylor convirtió su Rickenbacker en un generador fuzz; Christopher Bear golpeó su batería con una furia inaudita. Para algunos de nosotros (¡incluyendo a Jonny Greenwood!), el futuro del pop está en esta combinación de melodías nuevas, ritmos irregulares, secuencias de acordes inesperadas y spring reverb a full. De hecho, con respecto a esto último, son pocas las veces que un efecto define tan categóricamente el sonido de una banda. Sería imposible imaginar a Grizzly Bear sin esa reverb que impregna el sonido de la banda.
Wilco: la épica. Wilco son, en varios sentidos, los Grateful Dead de hoy: convocan un público de una fidelidad militante, ofrecen unos directos memorables y su música, que parecería ensimismada en muchas ocasiones, logra sin embargo convertirse en vehículo de una catarsis colectiva. De hecho, sus canciones han crecido a base de directos. Volviendo a escuchar Yankee Foxtrot Hotel, uno detecta una sonoridad de habitación (pequeña). En directo, incluso una canción como "Jesus, etc." suena a campo abierto. "Handshake Drugs" ha pasado de cerrarse sobre sí misma en A Ghost is Born a expardirse épicamente, del agujero negro al big bang. El único problema con el concierto de Wilco en el Primavera fue haberlos visto hace no mucho en sala pequeña y sin límite de tiempo. En comparación, el show del festival fue apenas un abstract.
Low: si uno está dispuesto a soportar las colas, la angustia de la posibilidad de quedarse fuera y la impertinencia de los seguritas, entonces ver a Low en en Auditori es una muy buena idea. Allí, el silencio pudo sonar debidamente y el límite de la lentitud ser explorado. The Great Destroyer sonó intenso e íntimo, como tenía que ser. No se movió ni un alma.
Pavement, Pixies, The Charlatans, Superchunk: su único mérito fue rememorar música de hace 20 años, y hacerlo bien. Con el mismo tipo de saber hacer y saber estar que pudieron mostrar Broken Social Scene, con la diferencia de que éstos aspiran a arañar la contemporaneidad.
Black Math Horseman: Hicieron lo que debían. Presentaron su único disco (Wylt, 2009) con firmeza, casi nota por nota, ante un público escaso pero atento. Eso sí, me quedo con la impresión de que las promesas del disco quedan algo diluidas en un directo correcto sin más.
Shellac: seguro a todo riesgo. La máquina funcionó como era de esperar: con precisión y laconismo. Eso sí, sólo ocurre lo que uno ya sabe que va a ocurrir: el turno de preguntas, el célebre "Can you hear me now?" de Albini con Weston en una esquina, impasible, y Trainer paseándole por el escenario con la caja a cuestas, etc. etc.
Sunny Day Real State: si el desajuste generacional con respecto al emo era un problema dado, pero que me había propuesto aceptar, la incapacidad de Dan Hoerner para alcanzar las notas de antaño (o para afinar en general) convirtieron el asunto en una tortura innecesaria. Tres canciones bastaron para empujarme al escenario adidas a ver a Za!, lo cual enseguida resultó ser una buena decisión.
Condo Fucks: mención de honor. La "otra" banda de Yo La Tengo (véase imagen), dedicada al garage guarro en la línea Nuggets -sobre todo las caras B-, sonó como si sus miembros tuvieran veinte años menos de los que tienen y estuvieran aún descubriendo los placeres ocultos del rock'n'roll.
[foto: i.m.g. "Condo Fucks, Primavera Sound, Diagonal Mar"]

Aunque estoy de acuerdo con lo que implica el agotamiento de cierto modelo, y la falta de letrinas, tambien creo que, como bien lo demuestra el exito de este festival, existe un espacio real y quizas una necesidad (aunque no nos guste) de que esta masa urbana tan gigantesca se una bajo dichas condiciones, para vivir un espacio tan extrano y apestoso de la ciudad, juntos y de manera surreal. Y ademas, que hayan unas sombrillitas y 'bean bags' de color amarillo para crear la ilsuion tan crasamente falsa y de una calma , tipo lounge cosmopolita, ante el marullo. Ademas, que exista una cola, atendida por seguritas que te dan cambio si lo necesitas, para comprar cigarrillos en una carpa con 7 maquinas, da una sensacion de orden y servicio (acompanada de patrocinio excesivo) que el resto de Barcelona, simplemente, no te va a ofrecer.
ReplyDeleteCreo que el elemento (y efecto) de la no-intimidad del festivl puede ser muy atractivo para el que quiera perderse y sumergirse en un abismo donde las cosas no necesariamente hagan mucho sentido.Para alguien, por ejemplo, que este en plena crisis existencial de una tesis doctoral:-)